Muchos son los que por las calles andan con sus instrumentos a cuestas, llenando estas con sus melodías y animando a los viandantes que pasan por allí con sus canciones. Algunos se paran, otros ni eso, el que más suelta alguna moneda que otra y el resto, pues meros espectadores que les puede gustar o no aquello que tocan estos músicos ambulantes en las calles y lugares de cualquier ciudad, pueblo o villa.
De estas gentes mucho y poco se habla. Son necesarios cuando se tienen ganas de juergas y molestos o innecesarios cuando cada uno va a sus quehaceres en la ajetreada vida de esta sociedad. Mientras tanto, como todo “quisque”, ellos también se tienen que ganar su sustento y si no están contratados en alguna banda como músicos, o pertenecen a algún grupo que da lo necesario como para vivir holgadamente o se tiene otra profesión, que es la que verdaderamente les da de comer, o… en fin, cualquiera de ellas imaginables o por imaginar sería valida, si con ello se suministra el sustento diario, mientras tanto, no queda otra que tocar en donde se puede, donde dejan y cuando se puede y a esperar la bondad de los buenos parroquianos del lugar que pasan por donde esta el músico y les suelta algunas monedas en la modesta funda del instrumento y de vez en cuando, algún billetito, para un filetito, que no todo van a ser sopas, pan y agua.
Entre piedras, música y guitarras existe una gran variedad y variopinta tribu de personajes que realizan estas disciplinas, tanto hombres como mujeres, cada uno de ellos y ellas con su estilo particular y su forma de ver y enfocar la vida. No todos y todas viven entre las calles y las frías piedras que cobijan a los que descansan entre ellas. Algunos o algunas tienen su casa, su vida y de cuando en cuando salen a las calles con su música para alegrar a las tristes piedras y aquellos que necesitan felicidad, calor y compañía, para después volver a sus vidas y tomar el timón de la nave que gobierna sus destinos. Hacen bien, esto de vivir entre piedras en las calles no es vida y a ningún lugar conduce. Mientras tanto, me empapare con la esencia de su compañía y de la amistad que me puedan brindar y seguiré su ejemplo: olvidar las calles y solo volver a ellas cuando se quiera rescatar a algún naufrago perdido y olvidado entre piedras, música y guitarras. En honor a estas gentes aquí van unas fotos que tuve la gran suerte de compartir con ellos.
El óxido de la tristeza de mi guitarra comenzó a limarse, a desprenderse, a caerse y desvelar que no todo es negro ni gris en la vida. Hay otro colores, aunque estemos en las más absoluta de las tristezas.
Sus canciones, su música, su alegría de vivir me contagiaron hasta calarme en lo más profundo de mi corazón. Ya no quedan rincones oscuros y los lados tenebrosos, que cada persona posee, quieren dejar de serlo.
Y entre partituras encima de las piedras me enseñaron las melodías secretas que se esconden en el corazón, en aquellos lugares olvidados que nos empeñamos en cerrar a cal y canto.
Y en las oscuras noches de mi vida me acordare de sus melodías, de lo que dicen, de lo que te recuerdan, de lo que fue y no volverá a ser, de lo que sí puede ser…
Un bello recuerdo, una fuerza innata, una razón por que existir, un mundo nuevo por descubrir, un deseo inalcanzable, así puede ser o no puede ser El Mundo de Alicia.
Fotografías:
M.Méndez.
Bea Mato.






julio 20, 2010 a las 2:39 pm |
la verdad es que no hay verdad todo son mentiras,incluso la misma vida es mentira……escrita i dirijida por (julio iglesias junior)……